28 jul 2011

Vete, márchate de mi vida.

Uno enfrente del otro, y en medio ese “Tenemos que hablar”. El termómetro marcaba por debajo de cero y llovía. Tú me ofreciste tu chaqueta de lana, pero mi orgullo era mayor que el frío, que me calaba hasta los huesos.
Para ti, era sistemático, ya habías practicado con otras muchas chicas, a las que como a mí, les habías roto el corazón. Con cada palabra que decías dabas un martillazo a mi corazón, rompiéndolo cada vez más y en trocitos más pequeños.
Tenía miedo a respirar, por si entraban más palabras. Pero sobre todo, tenía miedo a perderte. Un miedo racional. ¿Qué había hecho yo para merecer que me dejes tirada como un trapo en mitad de la calle, lloviendo? Yo sólo te había querido más que a nada en el mundo. Pero parece que a ti nunca te importó, que lo que estabas haciendo en ese momento era puro trámite, terminar con una y empezar con otra, a la que en un par de semanas volverías a decirle este recital de mentiras, que no te crees ni tú.
Aún no entiendo cómo he llegado a quererte tanto, si nunca me has dicho un “te quiero” ni me has dado un abrazo. Has sido un amigo más, un amigo con el que me hice ilusiones.
Al final, callas, esperando una respuesta mía, que no encontraste. No sabía que decir, ni tenía fuerza. A lo mejor estabas buscando una respuesta como la del resto de las chicas un “No me dejes, te necesito”, pero yo no te la di. ¿Para qué? Ya habías hecho demasiado daño a este corazón. No soy como el resto de chicas, aún no entiendo cómo podías pensarlo.



"Mi corazón voló con el viento como se fueron tus palabras"

No hay comentarios:

Publicar un comentario